Caricias, miradas , besos
Esperaba en el Puente Rialto protegiendome de la ligera lluvia, apoyado en él. Gracias a ella, no habia tantos turistas visitandolo como es normal en el puente más famoso de Venecia.

El Gran Canal discurria tranquilo, estaba acostumbrado a tantos ojos que le observaban. Yo habia llegado hora y media antes y me habia dado tiempo a pasar por el Hotel Astoria y tomar un café sin enterarme muy bien de lo que sus empleados me decian. En realidad no me interesaba demasiado, solo tenia un sentimiento y queria llegar pronto.
Desde la estecha calle Fiuvera donde estaba ese Hotel apenas tenia que recorrer unas manzanas para llegar al lugar donde habiamos quedado y tenia tiempo, asi que antes quise recorrer la Plaza de San Marcos. Sin embargo, algo me hacia ir a ese Puente, aunque fuera demasiado temprano.
Ella comenzó a subir por él y aunque jamás la habia visto, supe que era ella. Caminaba despacio, como yo lo habia hecho hacia unos minutos. Parecia que ambos queriamos retener ese tiempo, deleitarnos en el ambiente que habiamos creado.
A cinco pasos de mi se detuvo y me miró. Nos quedamos así un tiempo, no sé cuanto, solo con una ligera sonrisa. A pesar de que nos conocíamos muy bien, de las horas que habíamos pasado hablando, era la primera vez que nos veíamos. Sin decir una palabra nos acercamos. El beso fue dulce, largo y corto a la vez, por un momento la sentí a mi lado, en mí,recorriendo sus labios con los míos. El Puente Rialto había visto un nuevo deseo cumplido. Nos miramos sin decir nada y sonreímos mientras comenzamos a andar cogidos de la mano.
Un minuto después había pasado ese momento mágico del conocimiento físico y los dos ya estábamos como siempre, ya nos conocíamos, ya éramos nosotros, pero esta vez, de la mano.
Mientras recorríamos las callejuelas, entre bromas, risas y palabras, yo había olvidado el resto del mundo, ella estaba allí, acariciaba su pelo y la besaba a cada rato porque no podía dejar de querer sentirla más y más.
Sin querer habíamos vuelto a la Plaza de San Marcos, fuimos al Caffe Florian y en una de sus mesas seguimos hablando.
El tiempo pasaba sin que ninguno nos diéramos cuenta hasta que nos quedamos silenciosos, mirándonos directamente. Ya no pudimos más, dejando un billete encima de la mesa de mármol, salimos de allí y en dos minutos estabamos en el Hotel. Apenas saludamos, teníamos prisa.
Nuestra sencilla habitación con vigas de madera y paredes en blanco bullía. Unos minutos fueron suficientes, ambos necesitábamos compartirnos , compartir el deseo , compartir todo aquello que ya habíamos simulado antes.
Caricias, miradas , besos.
Venecia había conseguido fundir ya nuestro Todo. 
Nos obligamos a salir, necesitábamos comer , ya a media tarde. Sin embargo no mirábamos aquellas piedras milenarias, solo teníamos ojos para nosotros, el resto era un maravilloso decorado.
Horas después volvíamos a coger un avión, por separado. Queríamos que el encuentro y la despedida fuera en Venecia.
Mientras la veía despegar , sentí que nunca más nos volveríamos a ver, pero eso no importaba, ya era parte de mí, yo ya era parte de ella.
Venecia había conseguido fundir ya nuestro Todo.

fiera dijo
Precioso, lo he leido otra vez, escuchando la canción y todo...;)
Luego a ver si escribo... Oye, este título de blog es mucho más bonito. Gracias.
Voy a ver si acabo de arreglar el jardín... Un besote fuerte
26 Marzo 2006 | 04:02 PM